Bruce Nauman

“Pensaba en ellas -las acciones- como problemas de danza sin ser un bailarín, interesado en el tipo de tensión que surge cuando tratas de hacer equilibrio y no puedes”



El concepto de práctica artística en Bruce Nauman proviene de una formación multidisciplinar que se proyecta en el modo de abordar la actividad artística como una actividad indagatoria al tiempo que como un desempeño de la función del arte y el papel del artista desde un compromiso ético y político.


Ocho películas y dos acciones realizadas entre 1965 y 1966 son los indicios de un territorio de experimentación en los que el arte como actividad es un concepto nuclear. En una de ellas, Fishing for Asian Carp [Acorralando a una carpa asiática] utiliza la cámara como medio de registro “neutro” de la acción en la que graba al pintor William Allan en el largo intento de atrapar un pez -más de tres horas traducidas a tres minutos de proyección-.


En un estudio alquilado en 1967, empieza a darle vueltas a lo que se supone que debe de hacer un artista: dentro del espacio tradicional de la producción de arte, el estudio, y teniendo en cuenta su condición, Nauman llega a una sencilla conclusión: si es un artista y está en un estudio, lo que pase ahí dentro debe ser arte. Esta sencilla ecuación argumental traza sin embargo el contorno de un estado de duda, una auto-interrogación experimentada y materializada en un constante pasearse y pensar en el reducido espacio del estudio que vincula a las cuestiones del rol del artista, a sus espacios de producción, a sus medios, así como posteriormente extenderá a las complejas relaciones que establece con el espectador.


Este dar vueltas y pensar, este movimiento de la duda revela otra de las condiciones a través de la cual el trabajo de Nauman se desarrolla: el arte como una actividad en curso, como una práctica desarrollada desde las acciones más sencillas y cotidianas, desde las rutinas aparentemente más absurdas, explora las condiciones de la producción en arte y diluye las identidades preestablecidas. Este movimiento deambulatorio de inseguridad manifiesta ante su propio quehacer, —ante las grandes tradiciones artísticas, sus figuras, sus medios y objetivos— forma parte de las posiciones que Nauman desarrollará a lo largo de los años en relación al ámbito del arte, al lenguaje, así como en torno a la reflexión de lo humano como una condición inestable, frágil y difusa.


Situado en el núcleo de la operatividad, dándole vueltas al sentido de la práctica artística, señala desde el inicio las fallas de la producción efectiva, significante y utilitaria. Haciendo pública la dificultad de hacer y decir algo definitivo, de hacer y decir algo con seguridad, pone entre paréntesis esta posibilidad e inicia el camino de los procesos indefinidos. Así la noción de «proceso», como concepto de muchas de las perspectivas artísticas que habían situado en lo aleatorio y lo azaroso sus principios operativos, es asimismo una palabra indicada para abordar la actividad, la acción o la práctica conectada al movimiento del pensamiento y de esta forma aludir a un mecanismo por el que cierto grado de actividad mental se enlaza con cierto grado de actividad perceptible.


En sus primeros años de producción artística, Nauman toma como referente un concepto de escultura contemporánea que refiere la obra inacabada, o de piezas en las que en su forma final se filtran las huellas de su producción —Morris, Serra o Walter de María son algunos de sus referentes—. Neal Benezra también señala a los músicos y coreógrafos Meredith Monk, La Monte Young, Steve Reich, Philip Glass, Terry Riley y Karlheinz Stockhausen y los motivos de su vinculación ya que «todos estaban


empeñados en transformar los efectos de azar que habían adoptado John Cage y Merce Cunningham en composiciones planificadas, pero que en cualquier caso mantuvieran el proceso como una parte integral. Reich, Young y Karlheinz Stockhausen (cuya obra Nauman también conocía), estudiaban las relaciones de la repetición y duración, intensidad y aburrimiento, creando “piezas musicales que eran, en sentido literal, procesos”, según la frase de Reich».


La influencia de los textos de Wittgenstein en el trabajo de Nauman también hacen que converjan en muchos puntos de vista: las matemáticas, el lenguaje, las reglas o la conducta estudiados bajo el epígrafe de la práctica -la ilosoía como práctica-, y según lo cual Nauman aborda el arte desde un indispensable volumen de actividad y los parámetros de lo inconcluso. Sus vinculaciones se hacen patentes cuando Wittgenstein se refiere a este hecho en el prólogo de “Investigaciones filosóficas”: «“Inexacto” es realmente un reproche y “exacto” un elogio. Pero esto quiere decir: lo inexacto no alcanza su meta tan perfectamente como lo exacto. Ahí depende, pues, de lo que llamemos «la meta» (...) No se ha previsto un único ideal de precisión; no sabemos lo que debemos imaginarnos bajo este apartado —a no ser que tú mismo estipules lo que debe llamarse así. Pero te sería difícil acertar con una estipulación; con una que te satisfaga».


Wittgenstein señala en el texto la imposibilidad de organizar el pensamiento según un progreso secuencial, natural y sin fisuras; el pensamiento no va en una sola dirección sino en un zigzag, que es irregular, torpe, carente, defectuoso, y su escritura por tanto son anotaciones, bosquejos de los enmarañados viajes en que consiste pensar y escribir.


El proceso que Nauman pone en marcha a partir del registro de lo rutinario, de la inseguridad y la duda de qué hacer, qué es hacer arte y qué es ser artista, se describe como un proceso indeterminado precisamente en la falta de objetivos o finalidades específicas. El pasearse por el estudio como la manifestación de una inseguridad que no se resuelve, nos devuelve a la retórica de qué es una práctica, un proceso o una actividad artística, de este modo alejada de la búsqueda de seguridad, de las verdades comprobadas, de la actividad conforme a un fin, a un objeto resolutorio y solvente. Esta perspectiva implica un cuestionamiento fundamental acerca de la veracidad de cualquier proposición, enunciado, operación estable e indubitable y supone una afirmación radical de la fragilidad del pensamiento, del conocimiento y del lenguaje como proyección de un imposible, perfecto y exacto.

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